Rapándome Algunos Prejuicios
Quiero hablar de la imagen personal. Sí, de esa particular forma en que se llevan las camisas, los pantalones, el modo en que se combinan los zapatos y demás herramientas sociales. Entiendo que esto es de suma importancia en nuestra sociedad actual, y lo es desde hace muchos años. Pero, y en esto quiero hacer un hueco amplio para meter mis opiniones. No siempre quiero llevar una “imagen personal” cuidada. Hay ocasiones en las cuales me siento asfixiado. No sé si también compartes este pequeño hastío conmigo. Lo ciertos es que, existen días en los que no soporto la construcción física/social de los demás. Me parece absurda la búsqueda en que caen los adolescentes y adultos jóvenes. Puesto que cada día buscan renovar y llamarse “originales” sin importar que en el proceso se pierda su dignidad o su cerebro. Pensarás que estoy siendo algo exagerado, tal vez muy exagerado, y sí. Todo individuo es libre de buscarse y construirse a partir de lo que mejor le funcione. Con las modas vienen los círculos sociales, las oportunidades para desarrollarse y la exploración de esto llamado identidad. Y mucho más cuando hablamos de adolescentes y adultos jóvenes. Entonces, ¿cuál es mi problema? ¿Dónde radica mi hastío, mi asfixia?
Mi problema está en dónde buscamos los insumos sociales y culturales para esa construcción llamada “imagen personal”. Me involucro en ello porque, aunque desearía salirme de este asunto, nací en sociedad y por ello me condiciono a esta. Estamos totalmente sumergidos es las apariencias, nos han metido en la cabeza que somos productos. Nuestra imagen vende. La caja negra en donde vemos cosas para distraernos, informarnos o desinformarnos está llena de cortes comerciales. Estos nos bombardean constantemente con cuerpos perfectos. El físico vende. Tenemos los “cantantes” de música urbana, rock, baladas, pop y demás, que promueven un estilo repetitivo y que con ellos traen ropa, peinados y demás accesorios. Y de último está el descalabre. No tenemos de donde agarrar para nuestra construcción personal. Todo es básicamente lo mismo. Y por esto, siento que en la “imagen personal colectiva” no hay variedad. Hay una pseudovariedad. Tengo la necesidad de aclarar: sólo me refiero a los adolescentes y adultos jóvenes.
Hay muchos que por encajar, gastan mucho dinero en ropa costosa, en un corte a la moda y demás. Bueno, hay quienes sienten esta leve sensación y la solución que encuentran es el descalabre. Crear una imagen contraria u “original” a lo que se establece. Experimentos con tintes, ropas, marcas y demás. Crean su propia ideología y al final nace una nueva tribu urbana o alguna especie de fenómeno social. ¡Basura! Todo es copia de lo mismo. Personas con la necesidad de aceptación que suprimen su personalidad y capacidad de pensar. Gente que se refugia en pequeños grupos y actúan según el rol que se les dé. Terminan siendo arquetipos o clichés con una aparente renovación. Es interesante ver cuando joven adquiere un criterio. El momento en que él asocia la ropa o demás herramientas con los conceptos que promueven esos elementos. La consciencia a la hora de escoger el corte, los gestos, las palabras y demás.
En mi caso, siento este desagrado y por tanto he decidido no tener una imagen. Esto es imposible. La única forma de no tener una imagen es acabando con mi cuerpo por completo hasta no dejar nada. Por esto, he optado por una solución más agradable. En esta sociedad donde el cabello es de suma importancias, he decidido no tenerlo. Y aunque otras tribus urbanas lo han hecho en el pasado como el caso de los “skinhead”; pero, ellos lo combinan con ropa y demás accesorios. Yo he preferido darle el significado de la nada. No usaré ropa negra ni de material como el cuero. Me desprendí de esto que a muchos importa. No habiendo más opciones, prefiero ninguna.
Les dejaré un video que elaboré con un relato y un discurso poético que resume mi experiencia. Tal vez sea de su agrado.
Mi problema está en dónde buscamos los insumos sociales y culturales para esa construcción llamada “imagen personal”. Me involucro en ello porque, aunque desearía salirme de este asunto, nací en sociedad y por ello me condiciono a esta. Estamos totalmente sumergidos es las apariencias, nos han metido en la cabeza que somos productos. Nuestra imagen vende. La caja negra en donde vemos cosas para distraernos, informarnos o desinformarnos está llena de cortes comerciales. Estos nos bombardean constantemente con cuerpos perfectos. El físico vende. Tenemos los “cantantes” de música urbana, rock, baladas, pop y demás, que promueven un estilo repetitivo y que con ellos traen ropa, peinados y demás accesorios. Y de último está el descalabre. No tenemos de donde agarrar para nuestra construcción personal. Todo es básicamente lo mismo. Y por esto, siento que en la “imagen personal colectiva” no hay variedad. Hay una pseudovariedad. Tengo la necesidad de aclarar: sólo me refiero a los adolescentes y adultos jóvenes.
Hay muchos que por encajar, gastan mucho dinero en ropa costosa, en un corte a la moda y demás. Bueno, hay quienes sienten esta leve sensación y la solución que encuentran es el descalabre. Crear una imagen contraria u “original” a lo que se establece. Experimentos con tintes, ropas, marcas y demás. Crean su propia ideología y al final nace una nueva tribu urbana o alguna especie de fenómeno social. ¡Basura! Todo es copia de lo mismo. Personas con la necesidad de aceptación que suprimen su personalidad y capacidad de pensar. Gente que se refugia en pequeños grupos y actúan según el rol que se les dé. Terminan siendo arquetipos o clichés con una aparente renovación. Es interesante ver cuando joven adquiere un criterio. El momento en que él asocia la ropa o demás herramientas con los conceptos que promueven esos elementos. La consciencia a la hora de escoger el corte, los gestos, las palabras y demás.
En mi caso, siento este desagrado y por tanto he decidido no tener una imagen. Esto es imposible. La única forma de no tener una imagen es acabando con mi cuerpo por completo hasta no dejar nada. Por esto, he optado por una solución más agradable. En esta sociedad donde el cabello es de suma importancias, he decidido no tenerlo. Y aunque otras tribus urbanas lo han hecho en el pasado como el caso de los “skinhead”; pero, ellos lo combinan con ropa y demás accesorios. Yo he preferido darle el significado de la nada. No usaré ropa negra ni de material como el cuero. Me desprendí de esto que a muchos importa. No habiendo más opciones, prefiero ninguna.
Les dejaré un video que elaboré con un relato y un discurso poético que resume mi experiencia. Tal vez sea de su agrado.
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